Visto en las cartas al director, del Diario Sur.
Es un hombre joven (35 años), casado con dos hijos pequeños, muy preparado con un nivel de licenciado y por motivos de la crisis en paro. Se levanta muy temprano y sin hacer ruido para no despertar ni a su pareja que esta en las mismas condiciones que él, ni a su padre sexagenario, también desempleado y sin jubilación por no tener la edad reglamentaria (cosa que espera como agua de mayo y se le abren las carnes cuando se habla de cambiar la actual ley), sale de su domicilio como todos los días para presentar en varias empresas su currículum, aunque sabe que las respuestas son siempre las mismas: «No da usted el perfil que buscamos» o «No podemos contratar a nadie».Hoy, además, tiene dos asuntos que le resultan especialmente deprimentes y que le provocan una sensible bajada de moral, aunque es fuerte y se sobrepone: renovar la demanda de empleo soportando el ambiente y las colas y entrevistarse con el banco para tratar de que no le embarguen su vivienda por impago de la hipoteca (cosa que no consigue por no tener garantías). Cansado, hundido, harto, sintiéndose impotente para cambiar su situación y opinando con toda la razón que no está en su mano la solución a pesar de su búsqueda incesante, vuelva a su hogar donde en ese momento, a través de la televisión, hay un anuncio donde deportistas de élite, políticos y demás personajes y personajillos, sin problemas y con un alto nivel económico, dicen que «Esto sólo lo arreglaremos entre todos». Y en ese momento, para que no lo vea su familia, se encierra en una habitación, arranca a llorar porque siente que encima se están cachondeando de él y de tantos como él. Y no hay derecho

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